jueves, 15 de noviembre de 2012

Un paseo por la Concha: Donostia - San Sebastián

En ocasiones no hace falta irse demasiado lejos para disfrutar de un día en un paraje incomparable. 

Eso hice yo la semana pasada, cuando decidí ir a pasar el día a Donosti. A primera hora de la mañana cogí el coche, pasé a recoger a una amiga y en apenas hora y cuarto estábamos en la ciudad conocida como La Bella Easo.
Estábamos a principios de Noviembre y era un día laborable por lo que apenas había turistas por sus calles. Eso, unido a que hacía un día espectacular, animaba a caminar por sus calles sin preocuparse de nada más.

Nuestro visita empezó en el Peine del Viento, la obra escultórica de Eduardo Chillida, situado en la bahía de la Concha, al final de la Playa de Ondarreta. Está compuesto por tres esculturas de acero, de 10 toneladas de peso cada una, incrustadas en unas rocas que dan al mar Cantábrico, cuyas olas las azotan. Dichas esculturas se encuentran allí desde 1977 y sin duda es uno de los rincones más fotografiados de Donostia. 
Merece la pena sentarse en el borde del paseo y disfrutar del ruido del mar, las rocas, el viento y las grandes vistas que ofrece; un hermoso lugar donde olvidarse de todo. Para algunos en cambio, no es más que un amasijo de hierros oxidados, pero para mí es el mejor rincón de toda la ciudad.



Tras las fotos obligadas, nos dispusimos a tomar un café en el restaurante/cafetería Branka. Está a pocos metros de la obra de Chillida y su terraza ofrece unas estupendas vistas.
Tras recargar las pilas, emprendimos la marcha por el Paseo Marítimo de la Bahía de la Concha. Como indica su nombre, tiene la forma de una concha, y alberga dos playas (Ondarreta y la Playa de La Concha); también una isla, la de Santa Clara. Además, ocupa el espacio comprendido entre dos montes, el Igeldo al oeste y el Urgull al este.




Como he indicado, nuestro paseo empezaba por la playa de Ondarreta. Sobre nosotros dejamos el monte Igeldo a cuya cima se puede acceder mediante un funicular. Las vistas son impresionantes desde allí, por lo que es totalmente recomendable gastarse los 2,70 euros que cuesta el trayecto. Además, en el precio del billete está incluida la entrada al Parque de Atracciones Igeldo que data de 1912. No es Port Aventura, pero seguro que hará las delicias de muchos peques como viene haciéndolo desde hace un siglo. De hecho, su lema en el centenario ha sido "Cien años repartiendo sonrisas". Aún recuerdo con claridad la excursión con el colegio a dicho parque, cuando tenía apenas 7 años.

Sólo disponíamos de pocas horas para visitar la ciudad, por lo que no pudimos hacer la subida en el funicular. Seguimos por el paseo marítimo dejando a la derecha los jardines de Ondarreta, que componen un variado y simétrico conjunto floral. Destaca la gran escultura que el Ayuntamiento y los vecinos de la ciudad dedicaron a la reina María Cristina de Austria, así como una escultura moderna (Zeharki) obra del autor Juan Ramón Anda.

Entre las Playas de Ondarreta y la Concha, dividiéndolas, se encuentra el palacio de Miramar. La antigua residencia de los reyes forma parte del patrimonio de la ciudad desde 1971. Las salas acogen exposiciones y recepciones oficiales y no están abiertas al público. Los jardines, en cambio, son de acceso libre.


Pasito a paso llegamos a la Playa de la Concha, sin duda una de las playas más conocidas de todo el País Vasco. Durante este paseo y hasta el final de la bahía se encuentra la famosa barandilla de La Concha, diseñada por Juan Rafael Alday e instalada en la década de 1910. Sin duda todo un emblema de la ciudad.


En el Paseo de La Concha se encuentran los elementos arquitectónicos y ornamentales más destacados del paseo que bordea la bahía: unas características farolas situadas al comienzo de la rampa de bajada a la playa de La Concha, dos grandes relojes, los edificios del balneario de La Perla (cuya terraza para tomar el aperitivo es una de las más codiciadas de la ciudad) y la Real Casa de Baños.

Casi al final del paseo, un edificio destaca sobre cualquier otro: el Ayuntamiento. Esta construcción fue, desde su inauguración en 1897 hasta su cierre en 1924 por la prohibición del juego, sede del Gran Casino de San Sebastián, en donde se entretenían políticos, escritores y artistas de la Belle Epoque. En 1947 se convirtió en la Casa Consistorial de la ciudad, que cambió su sede desde la Plaza de la Constitución, actual sede de la Biblioteca Municipal. El Ayuntamiento convive con el incesante ambiente de la Parte Vieja a sus espaldas y con la tranquilidad de los jardines de Alderdi Eder de frente, con su tiovivo centenario.


Siguiendo con nuestro paseo llegamos al puerto situado al pie de la estatua del Sagrado Corazón que corona el monte Urgull. Es un puerto pequeño de forma triangular, con una zona pesquera y otra de recreo.


Al final del paseo se encuentra el Aquarium de Donostia, sin duda una visita imprescindible para familias con niños. Os dejo el enlace del mismo: http://www.aquariumss.com/

Llegaba el momento de dejar el paseo de la Concha y adentrarse en la parte vieja de la ciudad, probablemente el sitio más visitado. Los pintxos, esas pequeñas maravillas gastronómicas, forman parte del alma de la ciudad. Pero eso lo dejo para otra entrada.

¡Que lo disfrutéis!

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