jueves, 18 de octubre de 2012

Día 4: Intrepid, Water Taxi, Brooklyn, Soho...

Llevábamos cuatro días en la Gran Manzana y solo restaban otros tres para irnos, por lo que queríamos exprimir al máximo esos últimos días y así lo hicimos.

Nos levantamos prontito un día más; una duchita y marchando a desayunar. En esta ocasión cambiamos el habitual Starbucks por un Subway, ya que mi acompañante, amigo del buen café, trataba de hallar lo más parecido a un café de los de España. No fue un cambio demasiado acertado; el brebaje que servían ardía como el infierno y el donut estaba bastante reseco. Y es que los americanos saben hacer muchas cosas divinamente, pero su café siempre será "dirty water", es decir agua de pozo ardiendo. Seguiremos buscando el desayuno perfecto.

Una vez desayunados, cogimos el mapa rumbo a Hell´s Kitchen, la Cocina del Infierno, andando una vez más. En otros tiempos ese barrio se ganó el nombre ya os imaginaréis por qué, pero hoy por hoy no es más que un reducto de casas bajitas y clásicas de NY que van derruyendo y cambiando por nuevos bloques, poco a poco. La atravesamos disfrutando de la diversidad de la gente y la gran diferencia con el Midtown, del que sólo lo separan unas pocas calles. Fue curioso pasar en la hora del recreo por un colegio de la zona donde un policía de la School Safety Division vigilaba, mientras los chavales jugaban a baloncesto (algunos realmente bien). Era una imagen de serie americana de TV absoluta.

Tras esto, llegamos finalmente al muelle 86 en la orilla del río Hudson, donde se encuentra el Intrepid, un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial que sirve de sede al museo que lleva su nombre. En su cubierta se pueden ver distintos aviones y helicópteros como el SR-71 Blackbird, el F-14 Tomcat y el Harrier; incluso un Concorde, mítico avión de pasajeros anglofrancés supersónico;  pero sin duda lo mejor de la visita, para mí, fue poder ver el transbordador espacial Enterprise, que desde Junio de este año forma parte de este museo.


El Enterprise (que recibe este nombre por la nave de StarTrek) fue el primer transbordador construido por la NASA. Es impresionante verlo tan cerca, de frente, desde los lados y por debajo; en la televisión parece mucho más pequeño de lo que es en la realidad.



Además, se puede acceder al submarino Growler, amarrado al lado del portaviones. Pensar que estaban meses sin salir de ese minúsculo espacio provoca verdadera claustrofobia. Para los aficionados a los aviones y buques de guerra o simplemente a la Historia como mi acompañante, el Intrepid es más que interesante; para los amantes de la exploración espacial como yo, la visita al Enterprisa es maravillosa. Aparte, el Intrepid muestra muchas otras piezas originales de las misiones Apolo y Gemini, en las que actuó como barco de apoyo; hasta hay una cápsula Soyuz y muchas otras cosas curiosas y totalmente originales, nada de reproducciones. Y sin olvidar las increibles vistas que se tienen desde la cubierta del Intrepid.



Finalizada la visita al Intrepid, abordamos a sólo unos pocos metros de distancia (muelle 84) el Water Taxi, que tras un bonito recorrido por el Hudson, amenizado por un tunante de cuidado llamado Patrick, quien iba describiendo cuanto veíamos a ambas orillas, nos dejó en Brooklyn, justo bajo el puente donde a sólo unos metros nos estaban esperando las famosas pizzas de Grimaldi´s. No estaban nada mal, pero tras más de media hora de espera realmente nos supieron a poco.



¡Estábamos al pie del puente de Brooklyn!. Tentados anduvimos de ir hacia adentro y explorar los Brooklyn Heights, donde hay zonas residenciales verdaderamente bonitas. Pero Brooklyn es enorme, y en tan pocos días se hacía imposible verlo todo en NY, por tanto hubimos de plegar velas y atravesamos el puente a pie, de vuelta hacia Manhattan. 
Todos vosotros habréis visto alguna foto del puente de Brooklyn, uno de los emblemas de la ciudad. Es tan monumental y bonito como parece en dichas fotos; además, el fluir de la gente en un sentido u otro, unidos al atardecer estupendo que nos acompañaba, las vistas del Hudson y el contiguo puente de Manhattan, hacían un cuadro perfecto para disfrutarlo al máximo.





Al llegar al final del puente, arribamos al City Hall, desde donde emprendimos el regreso al hotel por Broadway, que fuimos recorriendo muy tranquilamente, dejando Chinatown a mano derecha y atravesando el Soho, zona ahora muy de moda que se está repletando de tiendas fashion. Broadway es la avenida más larga del mundo, por tanto llegados a cierto punto, con el edificio Chrysler ya asomando de frente y las patitas echas polvo, no podíamos dar un paso más y tomamos el Metro hacia Times Square.

Cena rápida y a la cama, para recuperar fuerzas. ¡Madre mía lo que estamos andando y la de cosas que estamos viendo gracias a ello!. No es en absoluto igual ir a todas partes en Metro que a pie, porque de la segunda manera, aunque canse más, consigues realmente conectar cada zona de la ciudad y ves lugares curiosísimos, que no aparecen en las guías turísticas y son tan puramente neoyorkinos como pueda serlo el Empire State; es el NY del día a día, lo que no es para turistas.

Pero cansa mucha más, de modo que acabado el cuarto día: Good night NY y al sobre, que mañana hay que subir al Top of the Rock, la azotea del Rockefeller Building, y hacer más cosas.



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